(TRADUCCIÓN PROVISIONAL)
Mientras participaba con la iglesia en oración, discusión, y
discernimiento acerca de asuntos importantes, percibí cada vez más fuerte
una sensación de dirección divina acerca de las condiciones para la
membresía y otras cuestiones importantes. Un aspecto significativo de mi
experiencia fue el del Espíritu Santo llevándome a considerar varios pasajes
de las escrituras. Después de que examiné minuciosamente muchos pasajes, el
Espíritu Santo centró mi atención en Gálatas 3:27-29:
Pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre;
no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois,
y herederos según la promesa.
Cuando examiné este pasaje, el Espíritu me ayudó a ver posibilidades
mucho más amplias de la gracia de Dios obrando a través de Cristo para
transformar las relaciones humanas en un mundo dividido. Como resultado,
tengo un testimonio incluso mayor que antes acerca del poder del evangelio
de Cristo para dar a luz a una nueva creación entre aquellos que se atreven
a vivir su mensaje en una comunidad sagrada.
A medida que el significado de lo que se estaba revelando se volvió más
obvio, el Espíritu me llevó a considerar una serie de secciones de Doctrina
y Pactos. Cada uno abordaba dinámicas espirituales y relacionales de cómo
ser un pueblo profético. (Por ejemplo, ver Secciones 10:6, 147:77, 149:4,
161:5, 162:2, y 163:7). Éstas incluyen distinguir entre principios
espirituales más universales y expresiones particulares de ellas dentro de
los límites de la historia y compresión humana. Ser un pueblo profético
guiado por la divinidad involucra-como una necesidad-reevaluar a veces
algunas ideas y costumbres existentes para permitir el entendimiento e
interpretación agregada bajo la guía del Espíritu.
Con ese antecedente en mente, presento el siguiente consejo a la iglesia
en respuesta a la guía del Espíritu de Dios. Presento este consejo con
humildad, completamente consciente de mis limitaciones y debilidades, las
cuales siempre llevo como una carga. También presento estas palabras con la
total convicción de su veracidad como una expresión del espíritu de
sabiduría y revelación que fluye de la existencia eterna de Dios.
A la iglesia:
I A todos los que activamente toman parte en oración, discusión, y
discernimiento acerca de asuntos importantes en la vida de la iglesia se les
elogia por su respuesta fiel. Su esfuerzo disciplinado por abrir sus vidas más
completamente al Espíritu de Dios en respuesta al llamado a ser un pueblo
profético se ha vuelto una bendición para toda la iglesia. Su anhelo espiritual
de luz y verdad ha creado un ambiente favorable para el movimiento del Espíritu
para proporcionar un consejo inspirado como una guía autorizada para la iglesia.
2 a. La instrucción dada anteriormente acerca del bautismo fue apropiada para
asegurar el crecimiento y cohesión de la iglesia durante su desarrollo temprano
y en los años siguientes. Sin embargo, como un creciente número lo ha llegado a
entender, la acción redentora de Dios en Cristo–aunque única y expresada con
autoridad a través de la iglesia–no está limitada solamente a la iglesia.
b. La gracia de Dios, revelada en Jesucristo, se mueve libremente por toda la
creación, a menudo más allá de la percepción humana, para realizar propósitos
divinos en las vidas de las personas. En armonía con la voluntad de Dios, el
Espíritu Santo lleva a algunas personas ya comprometidas con Jesucristo a través
del bautismo cristiano a enfocar más su respuesta a través de la membresía con
la iglesia.
c. Individuos previamente bautizados con agua en una actitud de humildad y
arrepentimiento, y como una expresión de fe en Jesucristo pueden convertirse en
miembros de la iglesia a través del sacramento de confirmación del Espíritu
Santo.
d. La confirmación deberá estar precedida de un tiempo de preparación
intencional que incluya el estudio de la misión, creencias y entendimiento del
discipulado de la iglesia expresado a través del pacto con Dios y otros en
comunidad sagrada.
e. Durante la oración de confirmación incluyan un reconocimiento de la gracia
y autoridad de Jesucristo a través del cual ocurre el bautismo. También, den fe
del ministerio del Espíritu Santo, el cual teje los dones de la gente en
hermosos diseños de comunidad para enriquecer su discipulado y fortalecer la
estructura de la iglesia.
3 a. Se recomienda a todos los miembros de la iglesia que examinen su nivel
de compromiso bautismal. Haber sido bautizados y confirmados, los vuelve
completamente inmersos en la vida de siervo de Cristo.
b. Vivan diariamente el significado de su bautismo a medida que crecen en las
habilidades y cualidades del discipulado. Apoyen activa y generosamente los
ministerios de la iglesia, la cual fue establecida por la divinidad para
restaurar el pacto de paz de Cristo, incluso la Sión de sus esperanzas.
c. El Cristo Eterno invita a quienes todavía no han experimentado las
bendiciones del bautismo a “Seguirme en el camino de la rectitud y la paz”. Sean
bautizados con agua y con el Espíritu y descubran su hogar espiritual como un
miembro completamente activo del cuerpo.
Algunos han continuado expresando preocupación acerca de cómo el
sacramento de la Santa Cena debería llevarse a cabo. En otros lugares, se ha
reducido el significado y poder potencial de este sacramento por falta de
entendimiento y preparación. Debido a estas circunstancias, se da el
siguiente consejo como lo aprueba el Espíritu:
4 a. Sirvan el sacramento de la Santa Cena a todos los seguidores
comprometidos de Cristo como un testimonio visible de la amorosa fraternidad
cristiana y el recuerdo compartido de la muerte y resurrección de Jesucristo.
Los individuos pueden elegir recibir o no los emblemas según su fe y
entendimiento en armonía con las guías proporcionadas por la Primera
Presidencia.
b. Esta disposición pastoral no disminuye los significados adicionales
asociados a este sacramento en la vida de la iglesia. Cuando la iglesia se reúna
para la Comunión, destaquen la oportunidad de los miembros para reiterar su
pacto bautismal, para reconciliar relaciones dañadas, y comprometerse juntos con
la misión de la iglesia de promover comunidades de generosidad, justica y paz.
c. Exploren todas las formas en que la Santa Cena puede convertir
espiritualmente a la iglesia en una verdadera expresión viviente de la vida,
sacrificio, resurrección, y continua presencia de Cristo. Inherente a este
sacramento es el llamamiento divino de la iglesia a ser una ofrenda sacramental
para la bendición, sanación y creación de la paz.
Cuestiones serias acerca de comportamiento y relaciones morales
continúan surgiendo en muchas naciones. Estos asuntos son complejos y
difíciles de entender fuera de sus escenarios particulares debido a
historias culturales, costumbres, e interpretaciones de las escrituras
extraordinariamente diferentes. Por ejemplo, las cuestiones incluyen la
sumisión de las mujeres, mutilación genital de las mujeres, novias
infantiles, matrimonios forzados, y permisividad sexual. Incluyen rituales
de limpieza y explotación de las viudas, fuertes conflictos sobre la
atracción y relaciones entre personas del mismo sexo, y diversas
definiciones legales, religiosas, y sociales del matrimonio, por nombrar
sólo algunas.
Durante los últimos años la necesidad de resolver varias cuestiones
morales y de justicia se ha intensificado y vuelto más complicada debido a
la creciente diversidad internacional de la iglesia. Se le ha dicho a la
iglesia en consejos previos que se nos ha dado la lucha y los disfrutes de
la diversidad para fines divinos (Doctrina y Pactos 162:4). En respuesta a
mis súplicas en oración por luz con respecto a que los propósitos de Dios se
resuelvan bien a través de nuestras difíciles luchas sobre varios asuntos,
Dios misericordiosamente me bendijo con el siguiente consejo:
5 Es imperativo que entiendan que cuando verdaderamente se bautizan en Cristo
se vuelven parte de una nueva creación. Al asumir la vida y mente de Cristo,
cada vez más se ven a sí mismos y a otros desde una perspectiva transformada.
Las antiguas maneras de definir a la gente por posición económica, clase social,
sexo, o etnicidad ya no son fundamentales. A través del evangelio de Cristo una
nueva comunidad de tolerancia, reconciliación, unidad en la diversidad, y amor
está naciendo como una señal visible de la venida del reino de Dios.
6 a. Como revelado en Cristo, Dios, el Creador de todo, en última instancia
se interesa por los comportamientos y las relaciones que defienden la valía y
dones de toda la gente y que protegen a los más vulnerables. Tales relaciones
han de estar arraigadas en los principios cristianos de amor, respeto mutuo,
responsabilidad, justicia, común acuerdo, y fidelidad, en contra los cuales no
hay ley alguna.
b. Si la iglesia entiende más completamente estos principios y los aplica
consistentemente, cuestiones que se presenten sobre sexualidad humana,
identidades de género, papeles, relaciones, matrimonio y otras cuestiones,
pueden resolverse según los divinos propósitos de Dios. Estén seguros, de que
nada dentro de estos principios condona las relaciones egoístas, irresponsables,
promiscuas, degradantes, o abusivas.
c. Cuando se enfrentan con preguntas difíciles, muchos apropiadamente acuden
a las escrituras para encontrar ideas e inspiración. Busquen en las escrituras
la Palabra Viva que traiga vida, sanación, y esperanza para todos. Abracen y
proclamen estas verdades liberadoras.
7 a. Una iglesia mundial profética tiene que desarrollar una consciencia y
sensibilidad cultural para distinguir entre cuestiones que deberían ser
abordadas por la Conferencia Mundial y aquellas que se resuelven mejor de manera
nacional o en otras formas.
b. Los principios fundamentales de comportamiento y relaciones éticas deberán
ser abordadas por la Conferencia Mundial. La Conferencia no deberá decidir sobre
políticas específicas para todas las naciones cuando esas decisiones
probablemente causarán un daño serio en algunas de ellas.
c. Sin embargo, la solución oportuna de cuestiones urgentes en varias
naciones es necesaria para que la obra restauradora del evangelio avance con
todo su potencial. Por lo tanto, permitan que los funcionarios apropiados de la
Iglesia Mundial cumplan con sus llamamientos–como ya se ha estipulado en la ley
de la iglesia–para crear e interpretar políticas de la iglesia que atiendan las
necesidades de la iglesia en diferentes naciones en armonía con los principios
contenidos en este consejo.
d. Donde sea posible y apropiado, convoquen conferencias nacionales o de
campo para proporcionar oportunidades para un dialogo, entendimiento, y consenso
más amplio. En esas reuniones, permitan que el espíritu de amor, justicia, y
verdad prevalezca.
El Concilio de los Doce y el Concilio de Presidentes de los Setenta
han puesto atención de sobra a instrucciones anteriores que pedían la mayor
colaboración posible entre los principales quórums misioneros. Debido a sus
diligentes esfuerzos para crear relaciones todavía más cercanas para
fortalecer la misión evangelista y creadora de comunidad de la iglesia,
estoy ahora en la libertad de presentar el siguiente consejo:
8 a. La importancia de evaluar y alinear las relaciones y papeles
ministeriales para alcanzar a individuos y naciones más eficazmente con las
verdades liberadoras del evangelio siempre le incumbe a la iglesia.
b. Para este propósito, el número de quórums de los setenta y presidentes de
los setenta se puede ajustar a veces para responder a estrategias evangelistas
en campos apostólicos. La Primera Presidencia, de común acuerdo con el Concilio
de los Doce y el Concilio de Presidentes de los Setenta, proporcionará
procedimientos para determinar el número, composición, y papeles de los quórums
de los Setenta y presidentes de los Setenta.
c. Permitan que los ministerios evangelistas de la iglesia se aceleren.
Mientras terminaba este consejo, me detuve un momento para reposar con
Dios en oración y meditación, buscando confirmación y claridad adicional. De
ese tiempo consagrado con Dios, estas palabras finales de desafío y promesa
surgieron inesperadamente y encontraron su lugar en este documento:
9 a. Amados hijos de la Restauración, su continua aventura de fe con Dios ha
sido guiada por la divinidad, ha estado llena de acontecimientos, ha sido
desafiante, y a veces sorpresiva para ustedes. Por la gracia de Dios, están
listos para llevar a cabo la máxima visión para iglesia.
b. Cuando su buena disposición para vivir en comunidad sagrada como la nueva
creación de Cristo exceda su miedo natural a la transformación espiritual y
relacional, se convertirán en quienes están llamados a ser. El nacimiento de
Sión la hermosa, el reino de paz de Cristo, espera su respuesta incondicional al
llamado de hacer y firmemente mantener el pacto de paz de Dios en Jesucristo.
c. Este pacto implica una vida sacramental que respete y revele la presencia
y actividad reconciliadora de Dios en la creación. Requiere una mayordomía de
toda la vida dedicada a extender los ministerios restauradores de la iglesia,
especialmente aquellos dedicados a afirmar la valía de las personas, proteger lo
sagrado de la creación, y aliviar el sufrimiento físico y espiritual.
d. Si van a ser verdaderamente la Comunidad de Cristo, entonces encarnen y
vivan las preocupaciones y pasión de Cristo.
e. Los desafíos y oportunidades son trascendentales ¿Permanecerán vacilantes
en las sombreas de sus miedos, inseguridades, y lealtades en conflicto? ¿O
avanzarán en la luz de su visión y llamado inspirados por la divinidad?
f. La misión de Jesucristo es lo que más importa en el viaje por venir.
Las cargas del oficio profético se han incrementado dramáticamente
desde la última Conferencia Mundial. Sin embargo, mi dedicación a la
iglesia, mi amor por nuestra gente, y mi convicción con respecto al llamado
divino de la iglesia no han disminuido, sino que se han vuelto más fuertes.
Con profunda confianza en la capacidad y madurez de la iglesia, les
entrego las palabras de este consejo para consideración en oración y
continuo discernimiento. A medida que continuemos juntos nuestro viaje, que
el misericordioso Espíritu que me bendijo del mismo modo bendiga a aquellos
que buscan la afirmación divina sobre este consejo.
Stephen M. Veazey
Presidente de la Iglesia
El Templo
Independence, Missouri
17 de enero, 2010