Escritura:
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Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto,
cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto – y tu Padre
que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. |
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Mateo 6:6 adaptada |
Reflexión:
Moisés oró con sus brazos levantados. David oró acostado en su cama. Aun a
veces él bailó. Los profetas oraron en libertad, en cautividad, en la
tortura, y en el exilio. Los hermanos y hermanas bailan y cantan sus
oraciones ante Dios. Jesús oró parado y arrodillado. Y en la cruz.
Se parecería que no haya restricciones en las escrituras en cuanto a como
presentamos nuestras oraciones a Dios, solamente que lo debemos hacer. La
posición del cuerpo para cada una de estas oraciones igualaron el
acercamiento intencional del orador hacia lo Divino.
¿Ha hecho una vez lo que los Salmos nos dirigen y levantado las manos
espontáneamente en adoración? ¿Ha sido forzado a arrodillarse o aún
allanarse boca abajo en el suelo por la intensidad de su oración? ¿Cuánto
tiempo hace que usted se ha arrodillado al lado de su cama o se ha inclinado
la cabeza para ofrecer una oración?
Tome una mirada a la postura de su cuerpo cuando usted ora. ¿Por qué se
mueve como se mueve? ¿Qué es su intención? ¿Refleja su cuerpo esta intención?
Acción:
Busque el Salmo 23 y léalo en voz alta. Léalo en voz alta otra vez,
usando la postura de su cuerpo para ilustrar las acciones sugeridas en el
salmo.
Oración:
Pruebe la posición de esta oración: empiece inclinando su cabeza, pero, en vez
de doblar las manos ente sí al orar, acope las manos. Mentalmente ponga en
las manos suyas las preocupaciones de los hermanos y las hermanas de
alrededor del mundo y ore por ellos. Si usted no es una persona que puede
visualizar muy bien, escriba su oración y póngala en sus manos. Siéntese
tranquilamente por unos momentos mirando las manos en la forma de una copa o
recipiente o con los ojos cerrados en meditación silenciosa. Ahora levante
las manos y entonces déle a Dios todas las preocupaciones. Amén. |