Escritura:
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…Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su
plenitud Y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas,
tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo,
haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz. |
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Colosenses 1:19-20 |
Reflexión:
El peregrinaje del Templo no termina cuando somos bienvenidos a casa,
sino continua por el Sendero de los Devotos, llegando al pie de la cruz.
Puesta yacimiento de piedras, la cruz se encumbra sobre todo el sendero y
echa su sombra. Para continuar por el sendero, uno tiene que pasar por la
sombra de la cruz, porque es aquí donde nos encontramos cara a cara con
Jesús, el curador herido. Puede ser que vacilemos por entrar la sombra de la
cruz, pero la encontramos un paso necesario en la travesía.
Recordando el sufrimiento y la muerte de Jesús, reconocemos la
profundidad de su amor para con nosotros.
La travesía por la sombra de la cruz
es un viaje al corazón de amor, para que el
herido que sana que murió para que nosotros
pudiéramos tener vida y tenerla más abundante.”
Velma Ruch, Summoned to Pirgrimage: The Temple as Focus of a
Pilgram People,94.
Acción:
Ponga una cruz enfrente de usted. Esté quieto adentro y afuera. Enfóquese
en la cruz. Empiece a canturrear “Jesús, Recuérdate de mí” [Sing a New Song
26]. Al continuar a canturrear, tome la cruz en sus manos y contemple lo que
significa para usted que Jesús “hizo paz por su muerte en la cruz.” [Colosenses
1:20] Cante “Jesús, Recuérdate de mí” para terminar su meditación.
Oración:
Debajo de la cruz de Jesús quiero tomar mi lugar
La sombra de la Roca poderosa dentro de un territorio cansado;
Un hogar dentro del desierto, Un descanso por el camino,
Desde la quemadura del calor del medio día y cargas del día.
Sobre la cruz de Jesús la puedo ver de vez en cuando
La forma de Uno que está muriendo y sufría ahí para mi;
Y de mi corazón ya herido con lagrimas Dos cosas maravillosas confieso-
Las maravillas del amor redentor, y lo no-merecido mío.
Yo tomo, oh cruz, su sombra y mi lugar para esconder.
No pido otro rayo del sol que el sol en la cara de él.
Contento de no ser dueño de otro lugar, la gloria mía, la cruz.
-Elizabeth C. Clephane [Hymns of the Saints,428]
Amén
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