Doctrina y Pactos 163: Mi Testimonio
Por Steve Veazey
Presidente de la Iglesia
Muchos meses antes de la Conferencia Mundial de 2007, comencé a orar
intensamente enfocándome ante las necesidades y oportunidades de la iglesia.
Mientras viajé por toda la Iglesia, escuché cuidadosamente las
preocupaciones y las esperanzas de muchos. Algunos temas eran comunes: la
identidad de la iglesia, las responsabilidades del sacerdocio, la naturaleza
de la escritura, y la conexión entre la creencia en Cristo y el llamado para
participar en la justicia y ser un pacificador.
Durante un retiro con los ministerios étnicos, las declaraciones de dolor
personal con respecto al predominio del racismo y el sexismo en la iglesia
me hicieron reflexionar profundamente. A pesar de nuestros principios de
“comunidad de Cristo” y “valor de todas las personas”, llega a ser obvio que
nuestros comportamientos y nuestra visión no están en completa alineación.
Mientras se acercaba el tiempo de la Conferencia, programé un tiempo
fuera de los negocios de la oficina para sumirme en oración, meditación, y
estudio de la escritura. Comencé a responder a un crecimiento de hambre
espiritual cada vez mayor para leer escritos proféticos de las escrituras.
Me enfoqué en algunos profetas del Antiguo Testamento que eran voces
influyentes para inmigrantes, los pobres, y esas gentes relegadas al margen
de la sociedad.
Comencé a sentir el surgimiento de ciertas instrucciones las cuales
necesitaba traer a la iglesia. No estoy seguro de cómo describir esto,
excepto decir que sentía una energía que me atrajo a enfocar mis
pensamientos en ciertos temas. En verdad tenía un conocimiento persistente
de la expresión que buscaba en palabras. Luché en mi mente y con mi
diccionario para encontrar palabras dignas de la verdad que yo tenía que
enfrentar.
Durante el retiro de la Primera Presidencia en enero de 2007, le pedí a
mis consejeros que revisaran un bosquejo temprano de las “Palabras de
Consejo”. Creo que es importante ser responsable ante otros en materias del
Espíritu. Asumimos fácilmente que nuestros pensamientos son los pensamientos
de Dios debido a nuestras tendencias egocéntricas.
Después de leer las palabras mis colegas compartieron ideas útiles en
respuesta a mis preguntas y preocupaciones. Ellos me animaron a que
permaneciera abierto al Espíritu y tomara el tiempo necesario para continuar
refinando lo que estaba sintiendo.
Los meses antes de la Conferencia Mundial estaban muy ocupados ya que la
atención de la Presidencia estaba cada vez más en los detalles de la
Conferencia y de la legislación propuesta que venía de la Sede Internacional.
Debido a la presión de las tareas de organización, tenía la intención de
encontrar tiempo para continuar en oración y meditación.
También continuaba la lucha con las Palabras de Consejo, nunca satisfecho
de que lo que escribí era suficiente para expresar la voluntad divina. En la
presencia de Dios, hemos llegado a estar muy conscientes de los límites de
nuestras capacidades humanas, incluyendo nuestro lenguaje. La experiencia es
profundamente apabullante.
Llegó un punto antes de la Conferencia Mundial cuando sabía que iba a
compartir las Palabras de Consejo, pero no estaba satisfecho con lo que
había preparado. Recuerdo que estaba sentado en el estudio de mi casa.
Después de orar, llegué al Himnario de los Santos y recurrí a la sección de
los himnos de la revelación. Leí bellas expresiones que describen el anhelo
de la iglesia y la apertura “aún más luz y verdad”. Algo surgió en mí y casi
me dejó sin aliento. Experimenté el Espíritu de Dios moviéndose a través de
un intenso enfoque de la conciencia y el entendimiento.
Miré el documento una vez mas, sentí tanto la confirmación como la
dirección, y la necesidad de perfeccionarlo. Me esforcé por mayor claridad.
Algunas frases en particular vinieron a mi mente que yo no había utilizado
antes en la enseñanza y en la predicación. Por ejemplo, en los últimos
párrafos, he tratado de expresar la esencia del amor de Dios para con
nosotros y las bendiciones que llegan cuando respondemos. Como lo hizo, la
frase “sean vulnerables a la gracia divina” (párrafo 10b) me llegó con gran
poder.
Terminé el texto de las Palabras de Consejo la semana antes de la
Conferencia Mundial durante el tiempo de la Reunión de Líderes
Internacionales (ILM) que se estaba celebrando. Tuve la oportunidad en ILM
de enseñar las ideas de la paz que se encuentran en Doctrina y Pactos.
Debido a que algunos participantes eran nuevos miembros, decidí empezar a
hablar acerca de la naturaleza de la revelación expresada en Doctrina y
Pactos. Cuando estaba hablando, experimenté una vez más la confirmación del
posible impacto para el bien de las Palabras de Consejo.
Me acerqué al servicio del domingo en la noche en la Conferencia Mundial
con una mezcla inusual de calma y sentido de responsabilidad. Esa tarde,
tuve la oportunidad de hablar con mi consejero en la Presidencia, David
Schaal. Le pregunté si las Palabras de Consejo eran dignas de ese título. El
compartió un testimonio de afirmación con una idea espiritual particular que
me liberó de alguna nueva indecisión. Nunca voy a olvidar al acercarme al
podio el domingo en la tarde y mirar a través de los rostros de la multitud
en el salón de la conferencia. Sentí un gran amor por nuestra comunidad de
fe y oré para que las palabras del mensaje produzcan buenos frutos.
Mientras empezaba a hablar, sentí mucha paz y resolución. El salón de la
conferencia estaba inusualmente en silencio; la gente estaba preparada
espiritualmente para escuchar. Tal como se señala en el prefacio de la
Sección 163, no había hecho una determinación entonces de lo que luego el
eventual estatus oficial del consejo sería. Yo estaba tratando de abrirme a
la guía del Espíritu, ya que podría conducir durante y fuera de la
Conferencia. Sinceramente quería poner el asunto en manos de la iglesia.
Después del servicio de la noche, me di cuenta de la creciente
posibilidad de que grupos significativos de gente en la Conferencia
quisieran considerar el documento formalmente para su inclusión en Doctrina
y Pactos. Sin embargo, decidí que no se precipiten en una decisión, pero se
mantendría abierta a lo que pudiera suceder.
Para la tarde del lunes, comencé a recibir correspondencias, mensajes, y
correos electrónicos de gente en la Conferencia y en otros entornos. Algo
estaba conmoviendo y tocando sus propias vidas. Los mensajes de algunos
jóvenes adultos sugerían que el consejo les había dado esperanza para el
futuro de la iglesia y un claro sentido de dirección.
Este tipo de respuestas continuaron el martes. Leía las cartas, escuchaba
comentarios, y continuaba orando. Recibí una conmovedora carta de la Junta
de Delegados de la Juventud, que incluía estas palabras: “El fuerte desafío
de la administración terrenal, los ministerios de paz y justicia, y las
responsabilidades del sacerdocio dejaron su huella en nuestros corazones”.
Recibí cartas similares de otras juntas de delegados, reuniones de masa,
y quórums, incluyendo el Concilio de los Doce. Cada carta a su manera
expresó su sentir de que la Conferencia debía tener la oportunidad de
estudiar las Palabras de Consejo para su inclusión en Doctrina y Pactos.
Otras cartas que llegaron declaraban la afirmación de las Palabras de
Consejo con la anticipación de que la iglesia podría comprometerse en un
tiempo de discernimiento y la aplicación en algún tiempo en el futuro.
El miércoles, me reuní con el Concilio de los Doce para aprobar el
consejo de oficiales, después de que discutimos su carta. Exploramos el
asunto de no canonizar las Palabras de Consejo con demasiada rapidez por lo
que la iglesia podría pasar algún tiempo investigando el significado de las
palabras.
Sorprendentemente, incluso los más interesados por la pronta adopción de
medidas oficiales sugirieron que, en este caso, hay que seguir adelante.
El miércoles en la tarde tuve una larga conversación con mis consejeros.
Exploramos varias opciones y posibles consecuencias. Me recordé de las
palabras del Presidente Robinson habladas muchos meses antes, de que yo
debería “continuar abierto” para lo que podría pasar en la Conferencia.
Me fui a casa y me retiré a mi estudio, cuando me senté en silencio y
orando por dirección. Revisé las cartas y los comentarios que había recibido.
Comencé a sentir que las Palabras de Consejo ya estaban trabajando en la
vida de la iglesia y continuaran dando buenos frutos en el futuro.
Cuando pensé publicar el documento para su formal consideración, sentí
una paz en el centro de mi alma. Sin embargo, cuando pensé en esperar, tenía
inestabilidad, incluso un sentimiento de ansiedad. Tomé una decisión
provisional para anunciar la siguiente mañana que estaba liberando el
documento para la formal consideración y acción. Dormí en paz por primera
vez en muchas noches. A la mañana siguiente les dije a Dave Schaal y Becky
Savage, mis consejeros, que había decidido seguir adelante con la
consideración oficial y que había preparado un anuncio para tal efecto.
Ellos me dieron todo su apoyo.
El jueves por la tarde y el viernes en la mañana, varios quórums me
pidieron que me reúna con ellos para compartir mis ideas. Me esperaba esto,
porque sabía que era el sentimiento de la Conferencia para afirmar que el
documento era inspirado. También sabíamos que era el deseo de tomar mas
tiempo para permitir que la iglesia en general participara en la búsqueda de
una idea acerca de su eventual permanencia. Mi problema es que estaba de
acuerdo con este último punto de vista sobre la base de principios y la
razón. Sin embargo, no puedo negar que el Espíritu me impulsaba seguir
adelante. Simplemente decidí compartir mi testimonio con los quórums y
responder a todas las preguntas lo mejor que pudiera.
La acción final de la Conferencia Mundial de aprobar las Palabras de
Consejo para su inclusión en Doctrina y Pactos no era la conclusión. Sino
que fue el comienzo de algo serio, el discernimiento de toda la iglesia
sobre el significado de las ideas contenidas en éstas.
Tenemos mucho de que hablar: el propósito de la iglesia, el uso
responsable de la escritura, la naturaleza del sacerdocio, y los propósitos
del Templo. Cada persona y congregación necesitan orar intensamente para
descubrir como expresar los principios esbozados en la Sección 163 en los
contextos locales.
De hecho, el consejo por sí mismo representa ante la iglesia uno de los
mas críticos asuntos de discernimiento: Como un pueblo profético, “¿qué es
lo mas importante” con el uso de nuestro tiempo, atención y recursos en los
próximos días?
Estoy seguro, porque de mi experiencia con el nacimiento de Doctrina y
Pactos 163: Dios tiene grandes sueños para la iglesia. Como queremos
responder a la visión de Dios para nosotros como un pueblo profético hará
toda la diferencia en los años venideros.