El martillo usado por José Smith III al presidir sobre
conferencias de la Reorganización, está sobre una mesa en mi
oficina en el Templo. No soy el dueño de él, el dueño es la
iglesia.
Ocasionalmente, mientras reflexiono acerca de algunos temas
delicados de la iglesia, voy y tomo el martillo en mis manos,
examino respetuosamente su cabeza poco agrietada de marfil y su
mango bellamente tallado. Al sostenerlo en mis manos siento
tener una conexión tangible al pasado. De esta manera, mi mente
viaja por el tiempo pesando sobre las personalidades, eventos y
circunstancias que forman la iglesia de hoy. Aunque he leído
muchos libros sobre la historia de la iglesia, siempre he
querido saber más sobre mis antepasados religiosos y el contexto
histórico en el cual ellos expresaban su fe.
Mientras que anteriormente estaba más que casualmente
informado sobre la historia de la iglesia, desde que soy
presidente de la iglesia me he involucrado en un extensivo
estudio sobre nuestra historia. He explorado libros y artículos
de una gran variedad de eruditos, autores y publicadores, desde
los fieles a los escépticos y entre ambos. La verdad no tiene
nada que temer del escrutinio
Por razones de mi exploración
en varias obras creíbles y discusiones profundas, algunos de mis
conceptos previos han sido retados y ajustados al enfrentarme
con conocimiento adicional. Nuestro enfoque “de disculpa” hacia
la historia de la iglesia – presentando a la iglesia en la mejor
manera posible – no es suficiente para la jornada del futuro.
Ese enfoque no pone en evidencia la integridad que debe ser
fundamental a nuestro testimonio y ministerio.
Mientras he ajustado algunas de mis perspectivas personales,
he encontrado principalmente una más profunda comprensión de los
muchos factores complejos e interrelacionados que han formado a
la iglesia sobre los años. He llegado a ver más claramente como
el Espíritu de Dios trabaja en las vidas de personas imperfectas,
pero personas altamente dedicadas a formar un movimiento de fe,
que continuan llevando un papel esencial en los propósitos de
Dios hoy en día. Como resultado, he ganado aún más confianza de
que el mismo Espíritu que encaminó a la iglesia por los que
parecían desafíos insalvables en el pasado, continuará
guiándonos y sosteniéndonos en el futuro.
Conforme la Primera Presidencia se ha involucrado con otros
en explorar temas que emergen del estudio de la historia de la
Restauración, hemos decidido que es la ocasión de proveer una
colección de “Principios de la Historia de la Iglesia” para
ayudar a guiar las reflexiones y discusiones de la iglesia.
Estos principios han sido extraídos de las introspecciones de
líderes anteriores y presentes de la Iglesia Mundial,
historiadores de la iglesia, teólogos y otros. Esperamos que
estas declaraciones sean útiles a la iglesia al continuar
explorando las personalidades, eventos y significados de nuestra
historia colorida e inspiradora.
Principios de la Historia de la Iglesia
1. La exploración continua de nuestra historia es parte de la
formación de identidad. Como iglesia siempre buscamos
clarificar nuestra identidad, mensaje y misión. En nuestra
historia de fe, vemos claramente al Espíritu de Dios dando a
esta comunidad de fe las herramientas, perspicacias y
experiencias para propósitos divinos. Un pueblo con una memoria
conciente del pasado y un conocimiento informado de su
significado, está mejor preparado para trazar su camino hacia el
futuro.
2. La historia informa pero no dicta nuestra fe o creencias.
La fundación y fuente continua de nuestra fe es la
revelación de Dios en Jesucristo. Estudiar la historia no se
trata de probar o desmentir experiencias místicas, espirituales
o reveladoras que hacen nacer o transformar movimientos
religiosos. La sana historia informa la fe y una fe sana nos
lleva hacia un mejor entendimiento sobre la historia. Teología y
fe, guiadas por el Espíritu Santo, deben tomar un papel
importante en descubrir el significado duradero de tales eventos,
al igual que las verdades profundas encontradas en ellas. El
entendimiento de nuestra historia afecta nuestra fe y nuestras
creencias. Sin embargo, nuestro pasado no limita nuestra fe y
creencias a lo que eran históricamente.
3. La iglesia anima estudio histórico honesto y responsable.
El estudio de la historia involucra campos afines. Los
historiadores usan la investigación académica para obtener el
máximo de pruebas posibles; después, interpretan esos hechos
para construir la imagen más clara posible de lo que ocurría en
el pasado. Esto incluye analizar la cultura humana y cómo esta
afectaba los eventos. Los historiadores intentan comprender
patrones de pensamiento, para interpretar que quiere decir el
pasado para nuestro futuro. Este proceso debe evitar interpretar
el pasado basándose en una visión actual del mundo y en la
presente cultura, en vez de basarse en la cultura de aquel
tiempo.
4. El estudio de la historia de la iglesia es una jornada
continua. Si decimos que un solo libro en historia es el
único diciendo la verdadera historia, entonces caemos en el
riesgo de “canonizar” una versión, una tendencia que hemos
demostrado en el pasado. Esto bloquea los avances de la
investigación continua. Una buena investigación histórica
comprende que las conclusiones deben ser abiertas a correcciones,
a tener nuevo entendimiento y que la información proviene de la
investigación continua.
5. Ver ambos, la fidelidad y los defectos humanos en
nuestra historia la hacen más creíble y realista, no menos.
Nuestra historia tiene historias de gran fe y coraje que nos
inspiran. Nuestra historia también incluye líderes humanos
quienes dijeron e hicieron cosas que pueden ser escandalosas
desde nuestra perspectiva y cultura actual. Los historiadores
tratan de no juzgar – en cambio, tratan de comprender
aprendiendo lo más posible sobre el contexto y significado de
las palabras y acciones del tiempo. El resultado es empatía en
vez de juzgar. Nuestras escrituras son consistentes al señalar
que Dios, por medio de la gracia, usa personas imperfectas para
el ministerio y el liderazgo necesitado.
6. El estudio responsable de la historia de la iglesia
involucra aprendizaje, arrepentimiento y transformación. Una
iglesia con una misión enfocada en promover comunidades de
reconciliación, justicia y paz, debe ser auto-crítica y honesta
sobre su historia. Es importante confesar cuando hemos sido
menos de lo que el evangelio de Jesucristo nos ha llamado ser.
Esta honestidad nos provoca a arrepentirnos y fortalece nuestra
integridad. Admitir nuestros fallos anteriores nos ayuda a
evitar repetirlos y nos libera de las influencias del pasado, en
cuanto a injusticias y violencia en nuestra historia. Debemos
ser humildes y dispuestos a arrepentirnos, individualmente y
como comunidad, para contribuir tan plenamente como es posible
en restaurar el Shalom de Dios en la tierra.
7. La iglesia tiene una larga tradición de no legislar o
dictar posiciones en cuanto a temas de historia de la iglesia.
Los historiadores deben ser libres para llegar a sus propias
conclusiones después de considerar plenamente sus evidencias.
Por medio de estudio cuidadoso y la guía del Espíritu Santo, la
iglesia está aprendiendo como aceptar e interpretar
responsablemente toda su historia. Esto incluye exponernos a
nueva información y cambiar el entendimiento a una perspectiva
propia, mientras enfatizamos las partes de nuestra historia que
continúan tomando el papel de guiar la identidad y misión de la
iglesia hoy en día.
8. Debemos crear una cultura respetuosa de diálogo
sobre asuntos de historia. No debemos limitar nuestra
historia de fe a una perspectiva. Diversos puntos de vista traen
riqueza a nuestro entendimiento sobre el movimiento de Dios en
nuestra historia sagrada. Claro, los historiadores llegarán a
diferentes conclusiones al estudiar. Así que es importante que
nosotros creamos y mantengamos una cultura respetuosa que
permite diferentes puntos de vista sobre historia. Nuestra
conversación sobre historia deber ser cortés y enfocada en
tratar de comprender el punto de vista de la otra persona. Más
importante, debemos mantenernos enfocados en lo que más importa
para el mensaje y misión de la iglesia de este tiempo.
9. Nuestra fe está arraigada en la revelación de Dios
en Jesucristo y en la guía continua del Espíritu Santo.
Debemos mantener nuestros corazones y mentes centrados en la
revelación de Dios en Jesucristo. Como la Palabra viva de Dios
en la historia humana, Jesucristo ha sido y es la fundación de
nuestra fe y el enfoque de la misión y mensaje de la iglesia.