Comunidad de Cristo - Compartiendo la Paz de Jesucristo

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LIVE WEBCASTS — President's Address with Live Q&A session — October 5, 6:00 p.m. CDT
WEBCASTS EN VIVO — Discurso del Presidente — 5 octubre, 6:00 p.m. CDT         TRANSMISSION EN DIRECT — Discours du Président — 5 octobre, 18h CDT        


Sermón de la Conferencia Mundial de 2005
"Compartan la Paz de Jesucristo"

por el Presidente Stephen M. Veazey

¡Compartan! ¡Compartan la paz... compartan la paz de Jesucristo! ¡ Esto es todo! Sin ningún programa nuevo, sin ninguna meta nueva, ningunos temas nuevos, ningunos logotipos nuevos... solamente que sean fieles. Siendo fiel a Dios, siendo fiel al evangelio de Jesucristo, y siendo fiel a la misión central de la Restauración.

Después de impartir todo lo que podía, la dádiva culminante de Jesucristo para sus discípulos – era la plenitud de su paz. Escuchen a sus palabras según redactadas en el libro de Juan, capítulo 14:

La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.

La frase "la paz de Jesucristo" contiene todas las promesas, esperanzas, y bendiciones del evangelio según reveladas por Cristo y afirmadas por el Espíritu Santo, siendo su presencia prometida con nosotros. En toda circunstancia de vida en la cual nos encontramos atemorizados, ansiosos, desanimados, cargados de culpa, o enajenados, Jesucristo pronuncia "paz" y abre la vía hacia la paz, no solamente para individuos, sino para la creación entera.

Escuchen de nuevo a las palabras de la epístola a los Efesios, capítulo 2:

Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba

¡Jesucristo es nuestra paz! Cristo es él por quién la paz verdadera se encuentra - no por la filosofía humana, ni por evadiendo al mundo, ni a través de las posesiones, ni por logros, ni en erigir paredes (sean físicas o emocionales), ni a pesar de cualquier cosa de nuestra propia creación.

La voluntad de Dios para la humanidad y su creación viene a través de la revelación, especialmente como es revelada en la vida, muerte, resurrección, y la presencia continua de Jesucristo, siendo el Verbo Viviente. Por medio de Cristo, aunque inexplicable, algo completamente transformante ha ocurrido. Principalmente se describe como el impulso de Dios en conferir la reconciliación y el bienestar en toda dimensión de vida.

Comenzamos a experimentar la paz de Jesucristo al reconciliarnos con Dios, los demás, nosotros mismos, y la creación. Esto es el meollo del evangelio al ser llamados para vivirlo y proclamarlo.

Y se nos llama, como discípulos de Jesucristo y como la Comunidad de Cristo, para compartir esa paz -- la paz de Jesucristo - con los demás. A través de los años, hemos expuesto que el movimiento Restauración emanó del llamado de compartir "la plenitud de mi evangelio... hasta los confines del mundo," Doctrina y Pactos, Sección 1.

¿Qué, verdaderamente, es la plenitud del evangelio? ¿Son ciertas creencias y ritos a propagar? Los elementos definitorios de nuestra fe – entre otros, la revelación continua, un canon abierto de escritura, y los varios sacramentos de la iglesia, - son dimensiones esenciales de nuestra identidad y deben ser respetados y valorados como parte de quién somos. Pero no representan el testimonio central.

Estos aspectos de nuestra fe representan los medios y recursos que Dios nos ha equipado para realizar nuestra misión. Y nuestra misión es de compartir ese ministerio por el cual las personas pueden experimentar la plenitud de Jesucristo constado en la reconciliación, esperanza, y paz dentro toda dimensión de sus vidas. Esto es la plenitud del evangelio.

Nuestra identidad y misión deben surgir siempre de la revelación de Dios en Jesucristo o si no, nos desviaremos distrayéndonos eventualmente a un legalismo rígido que extingue vida, en ves de una fe dinámica que nos conduce a la vida abundante. Siempre debemos poner en primero las primeras cosas.

Ahora, habiendo establecido lo más importante primero, enfoquémonos en uno de los elementos más distintivos de nuestra fe – la causa de Sión.

Si hay un tema constante en el corazón de nuestra jornada como un pueblo de fe, es la causa de Sión. Esta frase abarca el sentido del llamado divino para que encarnemos el evangelio en la vida de la comunidad, por la cual se satisfacen las necesidades físicas y espirituales del pueblo, y por lo cual la armonía, seguridad, y paz por fin se podrán lograr.

Para empezar, nos consta confesar que nuestras comprensiones limitadas y nuestros esfuerzos fanáticos para realizar ese sueño, fueron malogrados y generaron reacciones que dieron lugar a las tensiones y aun a la violencia - la misma antítesis de la visión del reino de Dios en la tierra. ¿No es irónico que era hacia una tropa de defensa militar convocada apresuradamente, designado como “Zion’s Camp” (Campamento de Sión), a la cual fue primeramente dirigida la revelación presentemente incorporada en Doctrina y Pactos sección 102? La tropa marchaba al condado de Jackson, Missouri, desde Kirtland, Ohio, preparados en caso de conflicto armado, cuando se les dirigió buscar otra solución. Y leo en Doctrina y Pactos la sección 102, párrafo 11:

De nuevo os digo: tratad de obtener la paz, no solo entre la gente que os ha afligido, sino también entre toda la gente.

Al igual de muchas revelaciones, este mensaje surge en medio de una época y contexto especifico a los cuales se dirigió inicialmente. Básicamente, la primera parte de la revelación nos avisa que el buscar pleitos ¡no es buena idea! La violencia tiende a fomentar más violencia. En respuesta a sus agravios, se sugiere buscar otra manera de resolver conflictos sin que se hieran o maten más personas.

Pero el consejo no se termina allí. Inmediatamente a continuación, se da un paso de asombro en visión profética y de esperanza para el futuro. Y continúa:

“Alzad un estandarte de paz y proclamadla hasta los confines de la tierra.”

En esta etapa de nuestra jornada como un pueblo de fe, hoy entendemos que la causa de Sión nunca podrá desligarse del mensaje de paz y reconciliación como fue difundida y demostrada por Jesucristo. En el libro de Mateo, capítulo 5, verso 11, leemos estas palabras reconocidas, Jesús dijo:

Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios

La causa de Sión es el llamamiento perenne de encarnar la paz de Jesucristo en toda dimensión de vida. He oído, al igual que Ustedes también, a las personas hablando acerca de nuestras experiencias juntamente en las reuniones, campamentos, y retiros, como una "ojeada" o "saboreada" de Sión. ¿Qué era lo se experimentó allí? Pues el amor. Afirmación. Unidad que trasciende diferencias. Generosidad. Un deseo de servir al prójimo.

La causa de Sión es la búsqueda de las condiciones y relaciones que fomentan estos presagios del deseo supremo de Dios para la creación, aumentándose en todo aspecto de vida: en nuestras familias, en nuestras congregaciones, en nuestras vecindades, y en el mundo. Se enraíza en el concepto bíblico del "shalom", o la paz de Dios hacia toda la creación. Las escrituras proclaman que la suprema voluntad de Dios para la creación es plenitud de vida, equilibrio, y paz. El concepto del “shalom” de Dios, o la paz de Dios, reúne una extensa serie de conceptos conduciéndonos a la redención final de la creación, cual incluye la reconciliación, justicia, bienestar, generosidad, rectitud, la afirmación de todos los seres – lo que es una comunidad verdadera. Este es el reino pacifico de Dios.

Escuchen estas palabras del primer libro de Nefí, capítulo 3, versos 187 y 189:

“Y bienaventurados los que procuren establecer mi Sión en aquel día, pues poseerán el don y el poder del Espíritu Santo... Y los que publiquen la paz, nuevas de gran gozo, ¡cuán hermosos serán ellos sobre los montes!”

Jesucristo entendió plenamente la visión de Dios para la creación. Es por que se oponía las corrientes dominantes en su día tanto religiosas como políticas que fueron en contra de los propósitos de Dios. Es por eso que comió con pecadores, sanó al inmundo, reconcilió al culpable. Es por eso que se preocupaba sobre las necesidades de los pobres, y llamó a personas de todas categorías de vida hacia una nueva clase de compañerismo, un nuevo tipo de comunidad compasiva, pacífica, fundada en el amor para Dios, uno mismo, y para el prójimo. Jesucristo es la revelación de lo que significa vivir y poner en practica la paz de Dios en el mundo. Y la causa de Sión es cómo nosotros entendemos nuestro llamado para vivir según el modelo de Jesucristo, el pacificador compasivo.

¿Cómo medimos la profundidad de nuestra habilidad de responder a la causa de Sión, el reino pacifico? Las escrituras lo nos dicen, nos dicen que debemos estar especialmente enterados de la condición del más vulnerable en nuestro medio: ancianos, jóvenes, enfermos, pobres, marginados y oprimidos. ¿En que condiciones se encuentran? - las escrituras nos preguntan. ¿Experimentan ellos el bienestar? ¿Tienen ellos plena oportunidad de llegar a ser lo que Dios intencionó, lo cual es el corazón de la justicia? ¿Están ellos impedidos injustamente por las actitudes y acciones por individuos quienes tienen un lugar más seguro o poderoso en la sociedad? ¿Viven ellos en condiciones de pobreza y enfermedad provocándoles temor y sufrimiento?

Consideremos a los niños, por ejemplo. ¿En que condiciones se encuentran los niños dentro de nuestras familias, congregaciones, escuelas, y en nuestras vecindades? ¿ En que condiciones se encuentran en nuestras naciones y en nuestro mundo? Jesús bendijo a los pequeños niños y dijo que dentro de ellos llevaban las semillas del reino de Dios. Cuan tierno era su amor por ellos, como es narrado bellamente en el tercer de Nefí:

... [Jesús] lloró, nos dice y la multitud dio testimonio de ello. Tomó a sus niñitos uno por uno y los bendijo, y oró al Padre por ellos. Y cuando hubo hecho esto, volvió a llorar, y habló a la multitud, diciendo: “¡He aquí a vuestros pequeños!”

Si nuestra visión de Sión no promueve activamente el bienestar de niños a través del mundo, no es el Sión al cual Dios nos llama. Y, además, a mi manera de pensar, el bienestar y la seguridad de los niños en nuestras congregaciones son estándares inmutables. Además, creo que es importante que guardemos nuestros niños de las corrientes guerreadoras de nuestro mundo y que les enseñemos lo que fomenta la paz, antes de que las semillas del reino pacífico, que llevan dentro de sus almas, no lleguen a ser desesperadamente durmientes.

Es por eso que apoyo enteramente esos ministerios, producidos por los miembros y amigos de la iglesia, cuyos diseños son de proporcionarles a los niños y jóvenes los medios fomentadores de la paz, programas tales como: la creciente red de los Clubes de Pacificadores, las Caravanas de Paz, el Pabellón Infantil pro la Paz, con su red creciente de exhibiciones satélites y programas escolares. Estos y otros esfuerzos semejantes deberán acelerarse y ampliarse para el bienestar de niños, nosotros mismos, y la causa del reino.

¿Por qué es que este llamado al reino pacifico, Sión, es tan esencial a nuestra identidad y misión como la Comunidad de Cristo? Mire alrededor de ustedes. Escuchen. Hay un clamoreo desesperado para la paz en nuestro mundo, pero no se encuentra la paz. Individuos están viviendo, actuando, y reaccionando del miedo en vez de la esperanza. La causa de Sión, el reino pacífico, es una visión anhelante y urgentemente necesaria de esperanza para la creación, a la cual nosotros, la Comunidad de Cristo, somos llamados a levantar y proclamar con toda la energía y recursos que podamos movilizar.

Hay muchas expresiones diluidas y superficiales del evangelio en el mundo hoy que conducen a las personas en creer que el mensaje de Jesucristo se trata de "solo mí y de mi salvación," de escapando este mundo, separándonos de los malestares del prójimo. La causa de Sión es el llamado máximo a arrepentirnos de la auto-adoración y egoísmo. Es el desenvolvimiento en rectitud, que implica relaciones sanas. Es la formación en amor, y la pureza de corazón. Es el aprendizaje de compartir generosamente para socorrer al prójimo. Es la apertura de nuestros corazones y mentes a las nuevas percepciones y entendimientos tocante el prójimo. Es afirmar la esperanza, esperanza para el mundo como el lugar sagrado donde se cumple la voluntad de Dios.

El Templo tiene un encargo único en el entendimiento de nuestra misión y en logrando la causa de Sión. Es mucho más que un edificio. Es revelación: Dios nos habla y habla al mundo. Dios nos está exponiendo nuestra identidad, nuestro mensaje, nuestro futuro. El llamado a los ministerios del templo desafía la iglesia para que profundice su comprensión y sus prácticas de esos ministerios que infunden la plenitud de la paz de Jesucristo en vidas individuales y en el mundo. En la sección 156 de la doctrina y pactos leemos:

El templo será dedicado a la búsqueda de la paz. Será para la reconciliación y para la sanidad del espíritu. También será para el fortalecimiento de la fe y para la preparación para atestiguar.

¿Oye Uds. la revelación? ¿ Oyen Ustedes lo que Dios nos está diciendo tocante nuestra identidad, nuestro mensaje, nuestra misión?

Si nos estamos esforzando para la paz, la reconciliación, y restauración del espíritu humano, el alma humana, entonces estamos expresando la esencia del ministerio de Jesucristo en el mundo hoy.

Ha llegado el tiempo de profundizarnos - profundizar nuestra exploración, profundizar nuestra comprensión, profundizar nuestro discernimiento del significado de los siguientes ministerios: paz, reconciliación, y la restauración del espíritu, y cómo podemos expresarlos en nuestras vidas y compartirlos en las vidas de los demás. Se nos llama para compartir la paz de Jesucristo, por medio de nuestro testimonio vibrante y particularmente por medio de nuestra búsqueda, proclamación, y demostración, de la causa de Sión por todo el mundo - Sión, el reino pacífico.

¿Qué se requiere para que seamos triunfadores en esta misión? Debemos comenzar con nosotros mismos. El llamamiento al discipulado es la apelación de unir nuestras vidas completamente y totalmente a Jesucristo. ¿Actualmente experimentamos la paz de Jesucristo en nuestras almas, corazones, mentes, y relaciones? El discipulado debe basarse siempre en la deliberada formación espiritual y la profundización que nos centra en la presencia de Dios; donde encontramos la paz interna, la paz que sobrepasa todo entendimiento, y es de esa profundidad y sobreabundancia de esta paz que encontramos la capacidad para enfrentar la vida y esforzarnos en el ministerio dentro del mundo.

También debemos recuperar nuestra pasión de compartir el evangelio, atendiendo esos sitios de la iglesia donde el espíritu evangelizador ha disminuido. ¿Cómo lo hacemos? De nuevo, regresamos a la formación diaria y profundización espiritual. Si profundizamos nuestra experiencia con Jesucristo por la oración, estudios creativos de escrituras, la adoración, y guardando el sábado en nuestras vidas y comunidad, descubriremos el amor y alegría del evangelio que surge como un manantial en nuestras almas y que fluye naturalmente hacia las vidas de los vecinos y amigos. Es cuando el evangelio ya no sigue siendo un programa. Es espontáneo. Es contagioso. La clave al evangelismo son discípulos alegres y cariñosos que constantemente invitan a los demás para acompañarlos a la fuente de la vida y paz verdadera. Y si piensan que no se puede lograr en esos lugares donde la iglesia actualmente esta luchando para crecer, por favor, no comparta su opinión con esas congregaciones, las que sí lo están logrando.

Además, creo que es esencial para el testimonio y misión de la iglesia que cesémonos de definirnos de maneras divisivas. Tan fácilmente somos tentados a categorizar personas usando léxicos como "liberal" y "conservador”, "progresista" y "tradicional," "derechista" y "izquierdista," "más espiritual" y "menos espiritual." Tenemos que cesar de imponer sobrenombres en la Comunidad de Cristo. ¿Por qué? Porque el categorizar de personas significa que no tenemos que conocerlos. Podemos aferrarnos simplemente a nuestras opiniones y estereotipos que refuerzan nuestras nociones preconcebidas. Aquí está una idea novedosa: ¿Que tal si en la Comunidad de Cristo en el inicio, medio, y fin de todas nuestras relaciones nos refiriésemos solamente como “hermano” o “hermana” en Cristo? ¡Que testimonio, que testimonio tan refrescante para al mundo sería esto!

Podríamos comenzar confesando que actualmente todos nos hemos comportado en hechos lastimando u ofendiendo al prójimo. A veces es sin intención: emerge a veces del momento conflictivo que naturalmente sucede de vez en cuando. Debemos confesarnos para adelantarnos en nuestra misión, debemos admitir que todos hemos participado en comportamientos que han marginado, ofendido, y herido personas forzándoles examinar si realmente tienen lugar dentro la Comunidad de Cristo.

Este enero pasado, en una reunión campestre de invierno, yo escuché el testimonio de una mujer estadounidense de herencia Africana compartir de cómo llegó a ser miembro de esta iglesia. Lo que más me impactó de su testimonio, era el prejuicio e incomprensión que ella y su familia habían experimentado por muchas décadas en la iglesia, incluyendo una: “determinación oficial” de las autoridades de la iglesia, hace décadas, de que deberían organizar su propio grupo y dejar de reunirse con los miembros anglo-sajones por causa de los disturbios causados en la congregación y en la vecindad.

Mientras me penetraba el impacto de lo que ella compartía, sentí una lastima y vergüenza profunda. Aunque se me había encargado predicar después de su testimonio, no pude proceder tal como me había preparado. Incitado por el Espíritu de Cristo, me puse de pie y le dije a mi querida hermana que lo sentía, y de mi parte y de parte de la iglesia pedí perdón por lo que ella y generaciones de su familia habían padecidos dentro nuestra fraternidad. También compartí con la congregación, que la iglesia a menudo se retiraba de su tarea profética en el mundo, reflejando los prejuicios y discriminación de la sociedad, en ves de impactarla con una visión del evangelio y los valores de la Restauración, tales como el valor y excepcionalidad de todas personas. Después del servicio mi querida hermana se acerco y dijo, "Como deseo que mi abuela pudiera haberlo oído."

Para ser la comunidad profética de la paz, reconciliación, y la restauración del espíritu, primeramente debemos examinar nuestras propias actitudes y comportamientos. Uno de los desafíos mayores que actualmente enfrenta a la iglesia, es que permitimos la misma dolarización, tan común dentro mucha de la sociedad, que predomine dentro nuestras relaciones en la iglesia. Valoramos tener la razón “correcta” desde la perspectiva humana, en vez de tener la relación "correcta” y siendo reconciliados verdaderamente en Cristo.

Las paredes de la hostilidad y de la división mencionadas en el segundo capítulo de Efesios, en que Cristo las ha derribado, nosotros mismos las reconstruimos por suspicacias hacia los demás quienes son diferentes en ciertas maneras. Aquí está la verdad: Somos mucho más semejantes que diferentes; nuestros destinos están enlazados en este planeta. ¿Por qué, entonces, nos centramos en nuestras diferencias en vez del hecho que somos todos hijos del único Dios creador, quien, a pesar de nuestra rebelión y miopía, nos indiviso para ser solo “uno” dentro el hogar de Cristo Jesús?

En Doctrina y Pactos 162:4b y 6b leemos:

Es para fines divinos que se les ha dado la lucha así como también los disfrutes de la diversidad. Así tendrá que ser siempre en el reino apacible... Él que creó a todo el género humano llora las vergonzosas divisiones dentro de la familia humana. Un pueblo profético debe trabajar infatigablemente para derrumbar muros de separación y levantar puentes de comprensión mutua.

Así que en el espíritu de Jesucristo, el reconciliador y mediador, el pacificador, deseo comenzar de nuevo a rasgar ciertas paredes de separación.

A todos los que se han ofendido o dañado -- por palabras o silencio, por acciones o inacciones, por lo que no ha reflejado nuestro máximo anhelo dentro de la Comunidad de Cristo que emerge de nuestra visión del reino pacifico -- estoy verdaderamente apesadumbrado, y pido el perdón de mi parte y de parte de la iglesia. Esto incluye a los que han experimentado cualquier actitud o comportamiento que disminuye su dignidad como un hijo, hijo querido de Dios. Esto incluye a los que han sido forzados a los márgenes y hacia fuera, debido a perspectivas diferentes dentro la iglesia en cuanto a diversos temas sociales y morales.

También incluye aquellos hermanos y hermanas que lo han sentido necesario alejarse de la participación activa dentro la iglesia debido a inconformidades teológicas o sacramentales, o piensan que es necesario formar ramas e iglesias independientes. Reconocemos que las diferencias son verdaderas y no son resueltas simplemente en ignorarlas. La Comunidad de Cristo permanece comprometida en ser un socio activo en acciones continuas para lograr el máximo nivel de reconciliación y restauración posible.

Al continuarse esa obra, afirmemos que somos vecinos en esta comunidad y en el mundo. Y a menos que podremos vivir como buenos vecinos, que se aman y cuidan el uno al otro, y quienes se ayuden en momentos de necesidad, entonces el Sión el cual todos anhelamos y obramos, no encontrará su expresión completa, para la salvación y bendición de la humanidad. Reconozcamos que todos no hemos alcanzado los ideales de nuestra herencia y fe, y que estamos verdaderamente apesadumbrados por el daño a que se ha dado lugar en las vidas de la gente que amamos.

Y en este espíritu, déjenos también reconocer que el ministerio de la reconciliación es, en última instancia, la responsabilidad de los individuos. No es por coincidencia que concluiremos esta conferencia participando juntos en el sacramento de la santa cena del Señor. Dejemos que cada unos de nosotros examine nuestras vidas; al prepararnos para participar en esa ordenanza, para discernir en donde hemos fallado en nuestras relaciones con los demás, de modo que podremos alcanzar la actitud necesaria de humildad y de arrepentimiento que nos librará para recibir los dones del perdón, y reconciliación; y esperanzados, que subsecuentemente, nos liberemos para alcanzar a nuestros semejantes y compartirles la paz de Jesucristo.

Nuestra capacidad de perseguir nuestra misión depende sumamente de la preparación, la actitud, y la respuesta del sacerdocio de la iglesia. Considero que el proveer ministerio dentro del sacerdocio un privilegio sagrado, que se expresa por la dedicación y voluntad profunda de proporcionar el ministerio de servidumbre en semejanza y modelo de Cristo. Es una de las más importantes mayordomías de vida e involucra no solamente la respuesta al llamamiento, pero también la formación, desarrollo y responsabilidad continua.

El sacerdocio nunca debe de ser una fuente del orgullo ni medio para manipular o dominar a los demás. No es el estrado para profesar perspectivas propias. Es bueno recordar el consejo dado en el Doctrina y Pactos sección 11 que nadie puede ayudar en esta obra, a menos que sea humilde y esté lleno de amor y tenga fe, esperanza y caridad. El camino hacia al futuro incluye el desafío de formar un cuerpo de ministros reconocidos por su humildad, integridad, y su compromiso al ministerio eficaz en el mundo hoy. Es imprescindible que se rijan esfuerzos renovados a través de la iglesia dirigidos a la capacitación, formación, y desarrollo de liderazgo que equipe a los ministros ordenados - laico y profesionista para la misión de paz, reconciliación, y restauración del espíritu en todas partes del mundo.

También es esencial que apliquemos mas energía y recursos para respaldar nuestros pastores de congregación. No hay nada más importante en la revitalización y adelantamiento de la iglesia que los pastores de congregaciones quienes poseen no solo el corazón para el ministerio, pero también un asimiento firme en las habilidades necesarias; conduciendo a las congregaciones hacia las expresiones vibrantes y sanas de la Comunidad de Cristo hacia el siglo veintiuno. La Iniciativa de Pastores Comisionados (CPI), emprendida en la conferencia pasada, se ha iniciado fuertemente y esta logrando rendimientos en este esfuerzo. Les suplico a las congregaciones y pastores que aprovechen antes de que se ocupen las vacantes.

Más allá, nos damos cuenta de la necesidad de tomar los elementos más eficaces de este programa experimental y de difundirlos a los pastores y a sus suplentes a través del mundo, en cada nación en donde está establecida la iglesia. ¿Pueden imaginarse de qué sucedería en congregaciones incontables si existieran pastores conduciéndolos, siendo no solamente motivados, sino capacitados, equipados, y comprometidos al liderazgo y servicio a largo plazo y en la búsqueda de nuestra misión?

En este momento, antes de que concluya, tengo que conversar francamente y claramente de un tema importante. Todo este discurso de identidad y misión y las cosas que quisiéramos hacer, son para nada si no contamos con los medios para sostener y de ampliar los ministerios de la iglesia, ambos localmente y global. La mayordomía, el discipulado, y la misión son inseparable.

Durante el transcurso de esta conferencia hemos visto las cifras reflejando nuestro grado actual de la respuesta en diezmar como una la iglesia. Claramente, las proyecciones de ingresos que aprobamos para los siguientes años fiscales, solos los cuales son abastecidos por los diezmos para el ministerio mundial, carecen por lo que actualmente disponemos. Subsecuentemente, nos indica que habrá una reducción correspondiente en los ministerios y servicios vitales de la iglesia. Estas cifras representan el futuro más probable, si es que no hay cambios.

Sin embargo, ese futuro no es inevitable. Si, por nuestras decisiones particulares o institucionales, fielmente nos inclinamos hacia el camino favorecido por Dios para la iglesia, un nuevo futuro amanecerá alumbrándose. El meollo del asunto no se trata de cifras y presupuestos. Se trata de actitudes. Voy a ponerlo en claro. ¿Para nosotros, que realmente significa nuestra misión de compartir la paz de Jesucristo y de perseguir la causa de Sión en un mundo necesitado?

Cuando considero cómo Dios me ha bendecido con esperanza y un propósito de vida, y que también me ha dado la oportunidad de tomar parte de esta iglesia y su misión, mi corazón se desborda con amor y gratitud en respuesta a la gracia de Dios. Consecuentemente, el deseo de mi corazón es de compartir generosamente de mi vida, testimonio, y recursos para apoyar los ministerios de la iglesia y las instituciones afiliadas que llevan el evangelio a otros seres, incluyendo aquellos más allá de mi alcance, pero aseguradamente no de mi atención.

Dando generosamente para socorrer al prójimo es un medio principal por el cual crecemos espiritualmente, porque nos desenraizamos de nuestro egoísmo y exigencia incesante de acumular más. La paz crece cuando renunciamos lo que se contrapone a la paz - y adquirimos lo que promulga la paz, y - lo que promulga la paz incluye: el deseo de compartir, la generosidad, y la cooperación en una causa unida.

Por mi parte y mi familia, aumentaremos nuestros diezmos para ministerios locales y mundiales en los días venideros, según nuestra capacidad y deseo; no porque anticipamos mas bendiciones en cambio, pero porque lo consideramos una bendición ofrendar mientras crecemos en Cristo; y nos gozamos al apoyar a los ministerios vitales de la iglesia en nuestro pueblo y también en los ministerios de la iglesia mundial. Les ruego a cada uno de ustedes que hagan igual. El Obispado Presidencial nos ha demostrado que si cada de uno de los mayordomos de la iglesia quines actualmente contribuyen, simplemente aumentaran su diezmar por el 1% de su ingreso, para ambos ministerios locales y mundiales; Los rezagos que continúan por el déficit se eliminarían y estaríamos en camino para lograr la misión de frente. No puedo hacerlo a solas. Les invito para que respondan. Y entonces vean asombradamente ese impacto de la Comunidad de Cristo al estar desatraillado para el beneficio y bendición de la humanidad y creación. Yo pienso que no entendemos claramente y completamente el cambio que nosotros podemos crear como una influencia catalizadora en el mundo. Asgamos esa visión y respondámonos gozosamente y generosamente como nunca jamás en el pasado.

Así pues, aquí estamos de pie, en un momento histórico, y actualmente existe una sola pregunta para que contestemos. ¿Tenemos el valor y la convicción para ser quiénes realmente debemos ser? Hermanos y hermanas, nosotros estamos de pie sobre el borde frente a la grandeza. No como el mundo mide la grandeza, pero como Dios lo mide en cuanto a la sinceridad y participación altruista en realizar los propósitos divinos de la creación

¡Y somos llamados! Se nos llama a profundizar nuestro discipulado a través de la formación espiritual centrándonos en el Espíritu del Cristo Viviente. Somos llamados para compartir la paz de Jesucristo, la plenitud del Evangelio, con todos los que oirán y responderán. Somos llamados para testificar, en palabra y por hechos, de la causa de Sión, el reino pacífico, la visión de esperanza para este mundo desesperado. Somos llamados para revelar Jesucristo en el mundo a través de ministerios altamente preparados, para la paz, reconciliación, y la restauración del espíritu, manifestando los ministerios del templo en nuestras vidas y en nuestras congregaciones.

Somos llamados para formar una diversa familia de paz en Jesucristo constituida de las culturas y naciones del mundo, para la bendición y la salvación de la humanidad.

Se nos llama para sacrificarnos y dar generosamente de nuestros recursos y de nosotros mismos, de modo que este testimonio de Cristo y la causa de Sión puedan aumentarse, y no disminuir, en todas partes del mundo. ¡Se nos llama!

Estoy listo para responder al llamado. ¿Y ustedes?