¡Compartan! ¡Compartan la paz... compartan la paz de Jesucristo! ¡ Esto es
todo! Sin ningún programa nuevo, sin ninguna meta nueva, ningunos temas
nuevos, ningunos logotipos nuevos... solamente que sean fieles. Siendo fiel a
Dios, siendo fiel al evangelio de Jesucristo, y siendo fiel a la misión central
de la Restauración.
Después de impartir todo lo que podía, la dádiva culminante de Jesucristo
para sus discípulos – era la plenitud de su paz. Escuchen a sus palabras según
redactadas en el libro de Juan, capítulo 14:
La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el
mundo. No se angustien ni se acobarden.
La frase "la paz de Jesucristo" contiene todas las promesas, esperanzas, y
bendiciones del evangelio según reveladas por Cristo y afirmadas por el Espíritu
Santo, siendo su presencia prometida con nosotros. En toda circunstancia de vida
en la cual nos encontramos atemorizados, ansiosos, desanimados, cargados de
culpa, o enajenados, Jesucristo pronuncia "paz" y abre la vía hacia la paz, no
solamente para individuos, sino para la creación entera.
Escuchen de nuevo a las palabras de la epístola a los Efesios, capítulo 2:
Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios los
ha acercado mediante la sangre de Cristo. Porque Cristo es nuestra paz: de los
dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de
enemistad que nos separaba
¡Jesucristo es nuestra paz! Cristo es él por quién la paz verdadera se
encuentra - no por la filosofía humana, ni por evadiendo al mundo, ni a través
de las posesiones, ni por logros, ni en erigir paredes (sean físicas o
emocionales), ni a pesar de cualquier cosa de nuestra propia creación.
La voluntad de Dios para la humanidad y su creación viene a través de la
revelación, especialmente como es revelada en la vida, muerte, resurrección, y
la presencia continua de Jesucristo, siendo el Verbo Viviente. Por medio de
Cristo, aunque inexplicable, algo completamente transformante ha ocurrido.
Principalmente se describe como el impulso de Dios en conferir la reconciliación
y el bienestar en toda dimensión de vida.
Comenzamos a experimentar la paz de Jesucristo al reconciliarnos con Dios,
los demás, nosotros mismos, y la creación. Esto es el meollo del evangelio al
ser llamados para vivirlo y proclamarlo.
Y se nos llama, como discípulos de Jesucristo y como la Comunidad de Cristo,
para compartir esa paz -- la paz de Jesucristo - con los demás. A través de los
años, hemos expuesto que el movimiento Restauración emanó del llamado de
compartir "la plenitud de mi evangelio... hasta los confines del mundo,"
Doctrina y Pactos, Sección 1.
¿Qué, verdaderamente, es la plenitud del evangelio? ¿Son ciertas creencias y
ritos a propagar? Los elementos definitorios de nuestra fe – entre otros, la
revelación continua, un canon abierto de escritura, y los varios sacramentos de
la iglesia, - son dimensiones esenciales de nuestra identidad y deben ser
respetados y valorados como parte de quién somos. Pero no representan el
testimonio central.
Estos aspectos de nuestra fe representan los medios y recursos que Dios nos
ha equipado para realizar nuestra misión. Y nuestra misión es de compartir ese
ministerio por el cual las personas pueden experimentar la plenitud de
Jesucristo constado en la reconciliación, esperanza, y paz dentro toda dimensión
de sus vidas. Esto es la plenitud del evangelio.
Nuestra identidad y misión deben surgir siempre de la revelación de Dios en
Jesucristo o si no, nos desviaremos distrayéndonos eventualmente a un legalismo
rígido que extingue vida, en ves de una fe dinámica que nos conduce a la vida
abundante. Siempre debemos poner en primero las primeras cosas.
Ahora, habiendo establecido lo más importante primero, enfoquémonos en uno de
los elementos más distintivos de nuestra fe – la causa de Sión.
Si hay un tema constante en el corazón de nuestra jornada como un pueblo de
fe, es la causa de Sión. Esta frase abarca el sentido del llamado divino para
que encarnemos el evangelio en la vida de la comunidad, por la cual se
satisfacen las necesidades físicas y espirituales del pueblo, y por lo cual la
armonía, seguridad, y paz por fin se podrán lograr.
Para empezar, nos consta confesar que nuestras comprensiones limitadas y
nuestros esfuerzos fanáticos para realizar ese sueño, fueron malogrados y
generaron reacciones que dieron lugar a las tensiones y aun a la violencia - la
misma antítesis de la visión del reino de Dios en la tierra. ¿No es irónico que
era hacia una tropa de defensa militar convocada apresuradamente, designado como
“Zion’s Camp” (Campamento de Sión), a la cual fue primeramente dirigida la
revelación presentemente incorporada en Doctrina y Pactos sección 102? La tropa
marchaba al condado de Jackson, Missouri, desde Kirtland, Ohio, preparados en
caso de conflicto armado, cuando se les dirigió buscar otra solución. Y leo en
Doctrina y Pactos la sección 102, párrafo 11:
De nuevo os digo: tratad de obtener la paz, no solo entre la gente que os
ha afligido, sino también entre toda la gente.
Al igual de muchas revelaciones, este mensaje surge en medio de una época y
contexto especifico a los cuales se dirigió inicialmente. Básicamente, la
primera parte de la revelación nos avisa que el buscar pleitos ¡no es buena
idea! La violencia tiende a fomentar más violencia. En respuesta a sus agravios,
se sugiere buscar otra manera de resolver conflictos sin que se hieran o maten
más personas.
Pero el consejo no se termina allí. Inmediatamente a continuación, se da un
paso de asombro en visión profética y de esperanza para el futuro. Y continúa:
“Alzad un estandarte de paz y proclamadla hasta los
confines de la tierra.”
En esta etapa de nuestra jornada como un pueblo de fe, hoy entendemos que la
causa de Sión nunca podrá desligarse del mensaje de paz y reconciliación como
fue difundida y demostrada por Jesucristo. En el libro de Mateo, capítulo 5,
verso 11, leemos estas palabras reconocidas, Jesús dijo:
Estos y
otros esfuerzos semejantes deberán acelerarse y ampliarse para el bienestar de
niños, nosotros mismos, y la causa del reino.
¿Por qué es que este llamado al reino pacifico, Sión, es tan esencial a
nuestra identidad y misión como la Comunidad de Cristo? Mire alrededor de
ustedes. Escuchen. Hay un clamoreo desesperado para la paz en nuestro mundo,
pero no se encuentra la paz. Individuos están viviendo, actuando, y reaccionando
del miedo en vez de la esperanza. La causa de Sión, el reino pacífico, es una
visión anhelante y urgentemente necesaria de esperanza para la creación, a la
cual nosotros, la Comunidad de Cristo, somos llamados a levantar y proclamar con
toda la energía y recursos que podamos movilizar.
Hay muchas expresiones diluidas y superficiales del evangelio en el mundo hoy
que conducen a las personas en creer que el mensaje de Jesucristo se trata de
"solo mí y de mi salvación," de escapando este mundo, separándonos de los
malestares del prójimo. La causa de Sión es el llamado máximo a arrepentirnos de
la auto-adoración y egoísmo. Es el desenvolvimiento en rectitud, que implica
relaciones sanas. Es la formación en amor, y la pureza de corazón. Es el
aprendizaje de compartir generosamente para socorrer al prójimo. Es la apertura
de nuestros corazones y mentes a las nuevas percepciones y entendimientos
tocante el prójimo. Es afirmar la esperanza, esperanza para el mundo como el
lugar sagrado donde se cumple la voluntad de Dios.
El Templo tiene un encargo único en el entendimiento de nuestra misión y en
logrando la causa de Sión. Es mucho más que un edificio. Es revelación: Dios nos
habla y habla al mundo. Dios nos está exponiendo nuestra identidad, nuestro
mensaje, nuestro futuro. El llamado a los ministerios del templo desafía la
iglesia para que profundice su comprensión y sus prácticas de esos ministerios
que infunden la plenitud de la paz de Jesucristo en vidas individuales y en el
mundo. En la sección 156 de la doctrina y pactos leemos:
El templo será dedicado a la búsqueda de la paz. Será para la
reconciliación y para la sanidad del espíritu. También será para el
fortalecimiento de la fe y para la preparación para atestiguar.
¿Oye Uds. la revelación? ¿ Oyen Ustedes lo que Dios nos está diciendo tocante
nuestra identidad, nuestro mensaje, nuestra misión?
Si nos estamos esforzando para la paz, la reconciliación, y restauración del
espíritu humano, el alma humana, entonces estamos expresando la esencia del
ministerio de Jesucristo en el mundo hoy.
Ha llegado el tiempo de profundizarnos - profundizar nuestra exploración,
profundizar nuestra comprensión, profundizar nuestro discernimiento del
significado de los siguientes ministerios: paz, reconciliación, y la
restauración del espíritu, y cómo podemos expresarlos en nuestras vidas y
compartirlos en las vidas de los demás. Se nos llama para compartir la paz de
Jesucristo, por medio de nuestro testimonio vibrante y particularmente por medio
de nuestra búsqueda, proclamación, y demostración, de la causa de Sión por todo
el mundo - Sión, el reino pacífico.
¿Qué se requiere para que seamos triunfadores en esta misión? Debemos
comenzar con nosotros mismos. El llamamiento al discipulado es la apelación de
unir nuestras vidas completamente y totalmente a Jesucristo. ¿Actualmente
experimentamos la paz de Jesucristo en nuestras almas, corazones, mentes, y
relaciones? El discipulado debe basarse siempre en la deliberada formación
espiritual y la profundización que nos centra en la presencia de Dios; donde
encontramos la paz interna, la paz que sobrepasa todo entendimiento, y es de esa
profundidad y sobreabundancia de esta paz que encontramos la capacidad para
enfrentar la vida y esforzarnos en el ministerio dentro del mundo.
También debemos recuperar nuestra pasión de compartir el evangelio,
atendiendo esos sitios de la iglesia donde el espíritu evangelizador ha
disminuido. ¿Cómo lo hacemos? De nuevo, regresamos a la formación diaria y
profundización espiritual. Si profundizamos nuestra experiencia con Jesucristo
por la oración, estudios creativos de escrituras, la adoración, y guardando el
sábado en nuestras vidas y comunidad, descubriremos el amor y alegría del
evangelio que surge como un manantial en nuestras almas y que fluye naturalmente
hacia las vidas de los vecinos y amigos. Es cuando el evangelio ya no sigue
siendo un programa. Es espontáneo. Es contagioso. La clave al evangelismo son
discípulos alegres y cariñosos que constantemente invitan a los demás para
acompañarlos a la fuente de la vida y paz verdadera. Y si piensan que no se
puede lograr en esos lugares donde la iglesia actualmente esta luchando para
crecer, por favor, no comparta su opinión con esas congregaciones, las que sí lo
están logrando.
Además, creo que es esencial para el testimonio y misión de la iglesia que
cesémonos de definirnos de maneras divisivas. Tan fácilmente somos tentados a
categorizar personas usando léxicos como "liberal" y "conservador”, "progresista"
y "tradicional," "derechista" y "izquierdista," "más espiritual" y "menos
espiritual." Tenemos que cesar de imponer sobrenombres en la Comunidad de Cristo.
¿Por qué? Porque el categorizar de personas significa que no tenemos que
conocerlos. Podemos aferrarnos simplemente a nuestras opiniones y estereotipos
que refuerzan nuestras nociones preconcebidas. Aquí está una idea novedosa: ¿Que
tal si en la Comunidad de Cristo en el inicio, medio, y fin de todas nuestras
relaciones nos refiriésemos solamente como “hermano” o “hermana” en Cristo? ¡Que
testimonio, que testimonio tan refrescante para al mundo sería esto!
Podríamos comenzar confesando que actualmente todos nos hemos
comportado en hechos lastimando u ofendiendo al prójimo. A veces es sin
intención: emerge a veces del momento conflictivo que naturalmente sucede de vez
en cuando. Debemos confesarnos para adelantarnos en nuestra misión, debemos
admitir que todos hemos participado en comportamientos que han marginado,
ofendido, y herido personas forzándoles examinar si realmente tienen lugar
dentro la Comunidad de Cristo.
Este enero pasado, en una reunión campestre de invierno, yo escuché el
testimonio de una mujer estadounidense de herencia Africana compartir de cómo
llegó a ser miembro de esta iglesia. Lo que más me impactó de su testimonio, era
el prejuicio e incomprensión que ella y su familia habían experimentado por
muchas décadas en la iglesia, incluyendo una: “determinación oficial” de las
autoridades de la iglesia, hace décadas, de que deberían organizar su propio
grupo y dejar de reunirse con los miembros anglo-sajones por causa de los
disturbios causados en la congregación y en la vecindad.
Mientras me penetraba el impacto de lo que ella compartía, sentí una lastima
y vergüenza profunda. Aunque se me había encargado predicar después de su
testimonio, no pude proceder tal como me había preparado. Incitado por el
Espíritu de Cristo, me puse de pie y le dije a mi querida hermana que lo sentía,
y de mi parte y de parte de la iglesia pedí perdón por lo que ella y
generaciones de su familia habían padecidos dentro nuestra fraternidad. También
compartí con la congregación, que la iglesia a menudo se retiraba de su tarea
profética en el mundo, reflejando los prejuicios y discriminación de la sociedad,
en ves de impactarla con una visión del evangelio y los valores de la
Restauración, tales como el valor y excepcionalidad de todas personas. Después
del servicio mi querida hermana se acerco y dijo, "Como deseo que mi abuela
pudiera haberlo oído."
Para ser la comunidad profética de la paz, reconciliación, y la restauración
del espíritu, primeramente debemos examinar nuestras propias actitudes y
comportamientos. Uno de los desafíos mayores que actualmente enfrenta a la
iglesia, es que permitimos la misma dolarización, tan común dentro mucha de la
sociedad, que predomine dentro nuestras relaciones en la iglesia. Valoramos
tener la razón “correcta” desde la perspectiva humana, en vez de tener la
relación "correcta” y siendo reconciliados verdaderamente en Cristo.
Las paredes de la hostilidad y de la división mencionadas en el segundo
capítulo de Efesios, en que Cristo las ha derribado, nosotros mismos las
reconstruimos por suspicacias hacia los demás quienes son diferentes en ciertas
maneras. Aquí está la verdad: Somos mucho más semejantes que diferentes;
nuestros destinos están enlazados en este planeta. ¿Por qué, entonces, nos
centramos en nuestras diferencias en vez del hecho que somos todos hijos del
único Dios creador, quien, a pesar de nuestra rebelión y miopía, nos indiviso
para ser solo “uno” dentro el hogar de Cristo Jesús?
En Doctrina y Pactos 162:4b y 6b leemos:
Es para fines divinos que se les ha dado la lucha así como también los
disfrutes de la diversidad. Así tendrá que ser siempre en el reino apacible...
Él que creó a todo el género humano llora las vergonzosas divisiones dentro de
la familia humana. Un pueblo profético debe trabajar infatigablemente para
derrumbar muros de separación y levantar puentes de comprensión mutua.
Así que en el espíritu de Jesucristo, el reconciliador y mediador, el
pacificador, deseo comenzar de nuevo a rasgar ciertas paredes de separación.
A todos los que se han ofendido o dañado -- por palabras o silencio, por
acciones o inacciones, por lo que no ha reflejado nuestro máximo anhelo dentro
de la Comunidad de Cristo que emerge de nuestra visión del reino pacifico --
estoy verdaderamente apesadumbrado, y pido el perdón de mi parte y de parte de
la iglesia. Esto incluye a los que han experimentado cualquier actitud o
comportamiento que disminuye su dignidad como un hijo, hijo querido de Dios.
Esto incluye a los que han sido forzados a los márgenes y hacia fuera, debido a
perspectivas diferentes dentro la iglesia en cuanto a diversos temas sociales y
morales.
También incluye aquellos hermanos y hermanas que lo han sentido necesario
alejarse de la participación activa dentro la iglesia debido a inconformidades
teológicas o sacramentales, o piensan que es necesario formar ramas e iglesias
independientes. Reconocemos que las diferencias son verdaderas y no son
resueltas simplemente en ignorarlas. La Comunidad de Cristo permanece
comprometida en ser un socio activo en acciones continuas para lograr el máximo
nivel de reconciliación y restauración posible.
Al continuarse esa obra, afirmemos que somos vecinos en esta comunidad y en
el mundo. Y a menos que podremos vivir como buenos vecinos, que se aman y cuidan
el uno al otro, y quienes se ayuden en momentos de necesidad, entonces el Sión
el cual todos anhelamos y obramos, no encontrará su expresión completa, para la
salvación y bendición de la humanidad. Reconozcamos que todos no hemos alcanzado
los ideales de nuestra herencia y fe, y que estamos verdaderamente
apesadumbrados por el daño a que se ha dado lugar en las vidas de la gente que
amamos.
Y en este espíritu, déjenos también reconocer que el ministerio de la
reconciliación es, en última instancia, la responsabilidad de los individuos. No
es por coincidencia que concluiremos esta conferencia participando juntos en el
sacramento de la santa cena del Señor. Dejemos que cada unos de nosotros examine
nuestras vidas; al prepararnos para participar en esa ordenanza, para discernir
en donde hemos fallado en nuestras relaciones con los demás, de modo que
podremos alcanzar la actitud necesaria de humildad y de arrepentimiento que nos
librará para recibir los dones del perdón, y reconciliación; y esperanzados, que
subsecuentemente, nos liberemos para alcanzar a nuestros semejantes y
compartirles la paz de Jesucristo.
Nuestra capacidad de perseguir nuestra misión depende sumamente de la
preparación, la actitud, y la respuesta del sacerdocio de la iglesia. Considero
que el proveer ministerio dentro del sacerdocio un privilegio sagrado, que se
expresa por la dedicación y voluntad profunda de proporcionar el ministerio de
servidumbre en semejanza y modelo de Cristo. Es una de las más importantes
mayordomías de vida e involucra no solamente la respuesta al llamamiento, pero
también la formación, desarrollo y responsabilidad continua.
El sacerdocio nunca debe de ser una fuente del orgullo ni medio para
manipular o dominar a los demás. No es el estrado para profesar perspectivas
propias. Es bueno recordar el consejo dado en el Doctrina y Pactos sección 11
que nadie puede ayudar en esta obra, a menos que sea humilde y esté lleno de
amor y tenga fe, esperanza y caridad. El camino hacia al futuro incluye el
desafío de formar un cuerpo de ministros reconocidos por su humildad, integridad,
y su compromiso al ministerio eficaz en el mundo hoy. Es imprescindible que se
rijan esfuerzos renovados a través de la iglesia dirigidos a la capacitación,
formación, y desarrollo de liderazgo que equipe a los ministros ordenados -
laico y profesionista para la misión de paz, reconciliación, y restauración del
espíritu en todas partes del mundo.
También es esencial que apliquemos mas energía y recursos para respaldar
nuestros pastores de congregación. No hay nada más importante en la
revitalización y adelantamiento de la iglesia que los pastores de congregaciones
quienes poseen no solo el corazón para el ministerio, pero también un asimiento
firme en las habilidades necesarias; conduciendo a las congregaciones hacia las
expresiones vibrantes y sanas de la Comunidad de Cristo hacia el siglo veintiuno.
La Iniciativa de Pastores Comisionados (CPI), emprendida en la conferencia
pasada, se ha iniciado fuertemente y esta logrando rendimientos en este esfuerzo.
Les suplico a las congregaciones y pastores que aprovechen antes de que se
ocupen las vacantes.
Más allá, nos damos cuenta de la necesidad de tomar los elementos más
eficaces de este programa experimental y de difundirlos a los pastores y a sus
suplentes a través del mundo, en cada nación en donde está establecida la
iglesia. ¿Pueden imaginarse de qué sucedería en congregaciones incontables si
existieran pastores conduciéndolos, siendo no solamente motivados, sino
capacitados, equipados, y comprometidos al liderazgo y servicio a largo plazo y
en la búsqueda de nuestra misión?
En este momento, antes de que concluya, tengo que conversar francamente y
claramente de un tema importante. Todo este discurso de identidad y misión y las
cosas que quisiéramos hacer, son para nada si no contamos con los medios para
sostener y de ampliar los ministerios de la iglesia, ambos localmente y global.
La mayordomía, el discipulado, y la misión son inseparable.
Durante el transcurso de esta conferencia hemos visto las cifras reflejando
nuestro grado actual de la respuesta en diezmar como una la iglesia. Claramente,
las proyecciones de ingresos que aprobamos para los siguientes años fiscales,
solos los cuales son abastecidos por los diezmos para el ministerio mundial,
carecen por lo que actualmente disponemos. Subsecuentemente, nos indica que
habrá una reducción correspondiente en los ministerios y servicios vitales de la
iglesia. Estas cifras representan el futuro más probable, si es que no hay
cambios.
Sin embargo, ese futuro no es inevitable. Si, por nuestras decisiones
particulares o institucionales, fielmente nos inclinamos hacia el camino
favorecido por Dios para la iglesia, un nuevo futuro amanecerá alumbrándose. El
meollo del asunto no se trata de cifras y presupuestos. Se trata de actitudes.
Voy a ponerlo en claro. ¿Para nosotros, que realmente significa nuestra misión
de compartir la paz de Jesucristo y de perseguir la causa de Sión en un mundo
necesitado?
Cuando considero cómo Dios me ha bendecido con esperanza y un propósito de
vida, y que también me ha dado la oportunidad de tomar parte de esta iglesia y
su misión, mi corazón se desborda con amor y gratitud en respuesta a la gracia
de Dios. Consecuentemente, el deseo de mi corazón es de compartir generosamente
de mi vida, testimonio, y recursos para apoyar los ministerios de la iglesia y
las instituciones afiliadas que llevan el evangelio a otros seres, incluyendo
aquellos más allá de mi alcance, pero aseguradamente no de mi atención.
Dando generosamente para socorrer al prójimo es un medio principal por el
cual crecemos espiritualmente, porque nos desenraizamos de nuestro egoísmo y
exigencia incesante de acumular más. La paz crece cuando renunciamos lo que se
contrapone a la paz - y adquirimos lo que promulga la paz, y - lo que promulga
la paz incluye: el deseo de compartir, la generosidad, y la cooperación en una
causa unida.
Por mi parte y mi familia, aumentaremos nuestros diezmos para ministerios
locales y mundiales en los días venideros, según nuestra capacidad y deseo; no
porque anticipamos mas bendiciones en cambio, pero porque lo consideramos una
bendición ofrendar mientras crecemos en Cristo; y nos gozamos al apoyar a los
ministerios vitales de la iglesia en nuestro pueblo y también en los ministerios
de la iglesia mundial. Les ruego a cada uno de ustedes que hagan igual. El
Obispado Presidencial nos ha demostrado que si cada de uno de los mayordomos de
la iglesia quines actualmente contribuyen, simplemente aumentaran su diezmar por
el 1% de su ingreso, para ambos ministerios locales y mundiales; Los rezagos que
continúan por el déficit se eliminarían y estaríamos en camino para lograr la
misión de frente. No puedo hacerlo a solas. Les invito para que respondan. Y
entonces vean asombradamente ese impacto de la Comunidad de Cristo al estar
desatraillado para el beneficio y bendición de la humanidad y creación. Yo
pienso que no entendemos claramente y completamente el cambio que nosotros
podemos crear como una influencia catalizadora en el mundo. Asgamos esa visión y
respondámonos gozosamente y generosamente como nunca jamás en el pasado.
Así pues, aquí estamos de pie, en un momento histórico, y actualmente existe
una sola pregunta para que contestemos. ¿Tenemos el valor y la convicción para
ser quiénes realmente debemos ser? Hermanos y hermanas, nosotros estamos de pie
sobre el borde frente a la grandeza. No como el mundo mide la grandeza, pero
como Dios lo mide en cuanto a la sinceridad y participación altruista en
realizar los propósitos divinos de la creación
¡Y somos llamados! Se nos llama a profundizar nuestro discipulado a través de
la formación espiritual centrándonos en el Espíritu del Cristo Viviente. Somos
llamados para compartir la paz de Jesucristo, la plenitud del Evangelio, con
todos los que oirán y responderán. Somos llamados para testificar, en palabra y
por hechos, de la causa de Sión, el reino pacífico, la visión de esperanza para
este mundo desesperado. Somos llamados para revelar Jesucristo en el mundo a
través de ministerios altamente preparados, para la paz, reconciliación, y la
restauración del espíritu, manifestando los ministerios del templo en nuestras
vidas y en nuestras congregaciones.
Somos llamados para formar una diversa familia de paz en Jesucristo
constituida de las culturas y naciones del mundo, para la bendición y la
salvación de la humanidad.
Se nos llama para sacrificarnos y dar generosamente de nuestros recursos y de
nosotros mismos, de modo que este testimonio de Cristo y la causa de Sión puedan
aumentarse, y no disminuir, en todas partes del mundo. ¡Se nos llama!
Estoy listo para responder al llamado. ¿Y ustedes?